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2. El cambio y las nuevas tendencias |
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Página 3 de 6 Pasamos del tener (que nos ha liberado, pero no realizado) al ser, a la búsqueda de un propósito y un sentido, al deseo de trascendencia, de dejar un legado. Los bienes materiales pierden su poder de seducción. “El rasgo más chocante de la cultura contemporánea es el ansia no saciada de trascendencia” El tener ha aumentado nuestro nivel de vida década tras década. No nos ha hecho necesariamente más felices. Cada vez tenemos más cosas (“literalmente, ya no nos caben más tostadoras de pan en la cocina”) lo que no significa que haya habido un cambio en cuanto a la satisfacción personal, familiar o existencial.
La alta tecnología (por si sola necesaria pero no suficiente) es ahora capaz de crear y diseñar belleza artística y emocional, de detectar patrones y oportunidades, de hilar historias satisfactorias y de combinar ideas aparentemente inconexas. Ello implica capacidad de empatizar, de comprender las sutilizas de las interacciones humanas, de encontrar la alegría en nuestro interior, de destaparla en los demás, y de abrirse más allá de lo cotidiano en busca de un sentido, propósito o misión.
La educación, históricamente basada en un impecable énfasis académico, aspira ahora no a sustituir a aquella sino a ampliarla; a un sistema educativo que cultive mayores niveles de creatividad, capacidad artística y juego; una educación que invite a los estudiantes a reflexionar acerca del sentido y la misión de sus vidas, fomentando lo que ya está empezando a llamarse “educación del corazón”.
Los negocios ofrecen ya no sólo diferencia sino algo capaz de alterar nuestro estado mental, algo físicamente hermoso y emocionalmente convincente.
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